diotimacomunità filosofica femminile

per amore del mondo Numero 3 - 2004

Pratica Filosofica

Visiones de una comadrona o mediar en la maternidad

Viajar en el cuerpo es una aventura que cada mujer vive de un modo particular y complejo. La maternidad remite a las mujeres a la parte más encarnada de sí mismas, a lo corporal allí de donde nace el deseo y se colma la pulsión sexual. La experiencia forma parte de la propia historia vivencial y está absolutamente impregnada del yo.

 

En este punto crucial donde las opciones son mejor aceptadas que los límites se dibuja un horizonte sin fondo, determinar el paisaje es una elaboración que acontece en el tiempo. Tiempo de gestación en el inicio de la travesía;  Frederic Leboyer habla de eso, de navegar en un gran océano, Luisa Muraro especifica que la madre es un océano de amor.

 

La tentación de poner en palabras, de ofrecer significado a este tiempo es grande pero solo adquiere valor cuando es el propio viaje el que se escribe, la obligación de cada una es su tránsito, es aprovechar aquello que sucede por ser mujer y devenir madre para sentir, e ir más lejos o mejor dicho ir hacia adentro.

 

Muchas referencias se han dado de que en el fondo es la envidia de la maternidad lo que ha sostenido el mundo, en cualquier caso es evidente que muchas disciplinas corporales buscan situar al que las ejecuta en el lugar que la gestación, el parto y la crianza pueden ofrecer a las mujeres de  descubrimiento personal e intransferible (base de toda experiencia que se precie).

 

El peso que ofrece el cuerpo, la fisiología como guía convierte a la decisión de llevar a cabo el paseo por la formación y la existencia de otro/a en un juego de opciones donde la pluralidad y lo subjetivo ocupan casi todo el espacio. Acompañar, averiguar, atender, asumir, aterrizar verbos que ofrecen acciones tanto a las mujeres como a las comadronas cuando en un momento de la vida fértil de otras mujeres estamos allí para referenciar afuera de cada una lo que acontece en el interior.

 

Es sorprendente que en estos momentos de gran libertad para las mujeres, algunas no puedan acceder a  efectuar viajes personales intransferibles a la universalidad de espacios femeninos. Y me refiero a un no poder de imposibilidad y no de decisión. La posibilidad está en cada una para decidir y diseñar el cómo de su descubrimiento personal. Las decisiones nunca deberían ser restricciones aunque representen límites que pueden vivirse como marcos de referencia. Es difícil el ejercicio malabar de saber y actuar en libertad teniendo como referencia a una misma porque mientras lo haces, las dudas y los desasosiegos pueden ocupar mucho espacio y estamos poco acostumbradas a encontrar en nuestro propio cuerpo, que evidentemente funciona muy bien, otras vías de apoyo.

 

La existencia del otro/a nos transporta también aún más lejos que lo que aparentemente puede parecer. El mundo de los bebés es un mundo tan corporal que solo la inmensidad del afecto y la entrega pueden conducir a la mujer que se ofrece a criar para esculpir aquello que vitalmente y virtualmente esta latente. La mujer-madre que se construye lo hace desde un mundo de emociones, fusionada con aquello que siente que no es ella y que aún está en su mundo, fusión que compuesta en una cierta octava musical desarrollará toda una sinfonía de matices, notas, armonías que convertirán la relación materno-filial en un vínculo estructural imprescindible.

 

Las grandes iniciaciones comparten los mismos rituales de entrega, de deseo y de silencio, son experiencias libres que comprometen a toda la esencia del individuo que las vive y que lo modifican hasta donde pueda sostenerse en el sentido de su propia vida.

 

La libertad de las decisiones forma parte de las posibilidades y las referencias que existan pueden ayudar a no perderse en lo desconocido, la condición es que permitan espacios y ofrezcan aire, de algún modo distiendan y no coarten.

 

Las mujeres crecen siempre cuando viven, por ello es importante que dibujen hacia donde quieren ir, cómo lo van a hacer, sientan que les sucede, corran riesgos para descubrir que desean y sobre todo aprendan a dejarse llevar por el cuerpo sano que las sostiene y disfrutar de su gran capacidad de acoger y de gozar.  Todo ello sería necesario recogerlo y ordenarlo en palabras, darle nombre o renombrarlo para conocer el bagaje, los movimientos y las estaciones del recorrido. Lo subjetivo debe tomar las riendas para no estar desubicados de la realidad, para poder ,si eso es lo que se decide y desea, trascender a otra realidad sin los lastres que tendemos a llevar en nuestra vida.

 

Toda la gama de posibilidades desde el ser y no desde el poder, toda la importancia en el cómo y no en el resultado (que por otra parte esta asegurado), hay que tener cuidado con las propuestas de autosatisfacción, demagogias fáciles que vuelven a situarnos fuera de nosotras para simplemente dar cuerpo a lo que no lo tiene, a una idea desenraízante y

muy peligrosa.  Las sublimaciones solo tienen sentido cuando se sabe de lo que se parte y adonde se quiere llegar. Las metas ofrecen perspectivas y no objetivos alcanzar porque sino las distintas versiones de las vivencias personales se pueden convertir en problemas o frustraciones.

 

 

Aquí es donde siento mi labor como comadrona, en el devenir de salud anclada en un cuerpo particular de cada una, competencia que al ejecutarse permite ofrecer reconocimiento al cuerpo como soporte adecuado y saludable para crecer como mujer. Poder ser madre o decidir serlo ofrece una apertura de una misma y esto no es patológico o peligroso, es novedoso y enriquecedor. En general tener ciclos menstruales, gestar y dar a luz es sinónimo de salud y ello requiere confianza, dejarse envolver en el deseo  a partir de las raíces personales y conseguir transitar en la experiencia lo más satisfactoriamente posible, la referencia de la comadrona permite su consecución.

 

Con este panorama se sitúa a cada mujer en el centro de su vida, momento peculiar donde caben los matices y las diferencias, donde la creación tiene un amplio campo de experimentación y donde las referencias pasadas adquieren mucho valor por que vinculan a un universal femenino imprescindible para poder adquirir autoridad en una misma.

 

La invitación en estos momentos tiene por objetivo reclamar un discurso desde las posibilidades personales corporales y mostrar los recursos que sostienen para utilizar toda la disponibilidad existente en generar más vida a la vida, lejos del riesgo físico más cerca del goce.

 

Goce representado en la risa que es propia del ser humano, movimiento corporal por excelencia que según la cultura judía nos vincula al conocimiento y éste es siempre una experiencia personal.