diotimacomunità filosofica femminile

per amore del mondo Edizione 20 - 2024/2025

Taglio al presente

Traer al mundo el mundo, cada día, cada vez

En 1996, Luisa Muraro vino a Madrid para presentar el libro de Diotima Traer al mundo el mundo[1]. Han pasado casi treinta años según la medida convencional del tiempo, un infinito o un instante llenos de vivencias, búsquedas y relaciones. Yo elijo traer aquí el recuerdo de alegría de entonces, por la toma de conciencia de mi ser mujer en tiempos de final del patriarcado, junto a la alegría del ahora, por la libertad femenina que siento escribiendo este texto.

Mi ejemplar de este libro tiene anotadas en la primera página las fechas de las sucesivas lecturas y veo que esta será la cuarta. Casi nunca son lecturas completas y lineales, porque leo con una mezcla indefinible de curiosidad agitada y de placer pausado. Reconozco ahora estos saltos en este libro, en el que he ido subrayando palabras, frases, párrafos y páginas enteras y anotando comentarios en los márgenes que señalan lo que me ha tocado y me transforma. Veo también páginas que no he leído nunca en todos estos años. Desde niña, este ha sido el modo de lectura poco convencional, del que no reniego porque lo vivo como libertad de la “academencia[2] , que establece los modos ortodoxos para leer un libro.

Empecé a leer muy pronto viendo a mi madre, una lectora incansable y desordenada respecto a lo prescrito por tradición, ella era rebelde pero muy ordenada según su propio criterio para elegir lo que le gustaba y le hacía pensar. Cuando llegué al colegio, había leído tanto que me pareció que ya sabía todo lo que se enseñaba allí. Lo mismo me ha pasado después en muchos casos, especialmente en la universidad, de la que recuerdo poco o casi nada pues debí vivirla de salto en salto. Ahora sé que solo me asombro y aprendo cuando otra mujer en la que confío habla o escribe con verdad, partiendo de sí. Es decir, cuando siento que “trae al mundo el mundo”, no en términos generales, sino precisamente para mí, cuando “me alumbra y no me deslumbra”[3] .

 Así me ocurrió cuando leí por primera vez el título del libro de Diótima. Entonces empecé leyendo el capítulo VI, titulado “Estrellas, Planetas, Galaxias, Infinito”, por la confianza y la amistad política que desde esos años mantengo con su autora, Anna María Piussi, con la que he aprendido todo lo importante que sé de la relación educativa y de los procesos de educación formal y no formal desde la pedagogía de la diferencia sexual.

El capítulo comienza así: “Las prácticas educativas pensadas y realizadas en el horizonte de la diferencia sexual se han revelado productoras de un orden simbólico nuevo, pero también de un orden nuevo de realidad. Se han producido modificaciones en la realidad material y social sin intervenciones político-institucionales concretas, y fuera de lógicas de reivindicación de derechos, de negociación de poderes o de solicitudes de reforma”. Estas palabras fueron la autorización que necesitaba en ese preciso momento para tomarme la libertad de “Ser-siendo”[4] y de actuar con libertad. Y así lo fui haciendo en la práctica de la mano de Milagros Montoya Ramos[5], de las profesoras del Colectivo feminista “A favor de las niñas”, de las profesoras de “Sofías. Relaciones de autoridad femenina en la educación” y de otras feministas autónomas, independientes o radicales, como nos llamábamos aquí  las que no estábamos inscritas en partidos políticos, sindicatos, iglesias o cualquier tipo de organización de raíz y jerarquía masculina. Aprendí también entonces de Clara Jourdan que “Educar en relación parece una tautología, pero es una revelación”[6]. Hoy sigo aprendiendo de muchas de ellas en España[7] y más recientemente de otras profesoras que forman parte de “Feministas Lúcidas” y practican la pedagogía en lengua materna.[8] 

Después de treinta años percibo que el trabajo las profesoras se hace visible en las niñas y las jóvenes que obtienen mejores resultados académicos que sus compañeros y que se entusiasman con la respuesta de la futbolista Jenni Hermoso (Jennifer Hermoso Fuentes, 1990) y de sus compañeras de equipo que, después de ganar el Campeonato mundial de fútbol de 2023, han sabido mantenerse firmes frente a la agresión sexual masculina que ella sufrió por parte del jefe de todas ellas, inmediatamente después de ganar esa importante competición. Su libertad, su resistencia y la relación entre ellas, ha triunfado frente a los patriarcas más machistas y agresivos del deporte mundial. Todo esto es fruto de la libertad femenina y de la política de las mujeres

Después del capítulo VI salté al capítulo II, “Por qué Teresa” de Diana Sartori. Me interesaba mucho su trabajo con Teresa de Ávila, a la que mi madre me había enseñado a amar junto a Teresa de Lisieux y a Juana de Arco.  Aunque estas y otras de sus heroínas parecieran muy distintas, compartían con ella el atrevimiento de relacionarse a su manera con Dios, de saberse elegidas y de ser ellas mismas divinas sin las mediaciones terrenales masculinas que no necesitaban. Releer este capítulo ahora me confirma que, como en cada mujer, lo divino es en mí, es en nosotras, como aprendí rezando el Ave María: “Dios te salve María, el señor es contigo…”. Hoy la liturgia moderna en español lo ha convertido en “Dios te salve María, el señor está contigo…”. Un cambio que no es inocente. Lo femenino libre en María y en cada mujer genera vida en el sentido más amplio de la palabra, trae al mundo el mundo, es. Y es divino o como cada una quiera llamar a lo que es más grande que tú, pero a la vez es en ti porque te necesita para ser. Teresa en el pasado “corrió riesgos “, sobre todo el de ser condenada por la Inquisición y ser tomada por una simuladora o por una de las alumbradas. En este primer cuarto del siglo XXI, cualquier feminista radical de la diferencia, “corre riesgos” de ser confundida, por ejemplo, con las y los líderes políticos y religiosos conservadores o ultraliberales. También existe el riesgo de ser denostada o excluida de los espacios ideológicos llamados progresistas, como lo fue en su día Luce Irigaray[9].

Por mi parte, me siento a salvo si estoy conectada a lo que en palabras de Diana Sartori se puede llamar “círculo hermenéutico sexuado”, entre una mujer que lee o indaga y la obra, la palabra y la vida misma de otra mujer. Porque como ella también señala, la relación y la conciencia de pertenecer al sexo femenino liberan la palabra, algo que está presente en Teresa y le permite escribir y proponer cosas nuevas. Teresa se mueve en un contexto de comunicación femenina privilegiada que es el convento, sostenido en una relación de amor y confianza en la que ella misma se ofrece como guía y mediadora. Con su castillo interior y el castillo que es su propia comunidad femenina, su convento, nos hace una propuesta nítida de “santidad” en relación, un Camino de Perfección, que cada una puede atreverse a experimentar a su manera. A ella le resultó ¿por qué no a nosotras hoy?

Entre las mujeres creyentes de alguna religión, como lo fue Teresa de Ávila en el siglo XVI, destaca en el presente, la intervención de Mariann Budde, Obispa de la diócesis Episcopal de Washington, el 21 de enero de 2025, en la toma de posesión del actual presidente de los Estados Unidos. Ella levantó sin miedo su voz en la catedral pidiéndole misericordia para las y los más humillados de este mundo, que se iban a ver aún más afectados, por una legislación muy violenta inspirada, según él dice, directamente por su Dios. El mundo entero pudo ver y oír a una mujer cuya palabra firme y sosegada cuestionaba por primera vez en público los desmanes que pretende llevar adelante, en nombre de su Dios, el hombre con más poder de destrucción del planeta. También aquí y ahora la Obispa ha hecho visible la política de las mujeres con palabras sencillas de gran poder simbólico.

Finalmente, dispuesta a leer con menos saltos, abrí el libro por el capítulo I, titulado “Lo inaudito”, de Chiara Zamboni, sobre el sentido de lo real y lo que ella entiende por acción política, partiendo de algunos fragmentos y reflexiones de Simone Weil en sus Cuadernos. Me interesó enseguida cómo Simone Weil interpreta la tensión del alma hacia el futuro- precisamente la idea de progreso- como incapacidad de saber mirar el presente y soportarlo. Chiara Zamboni señala que para Simone Weil la realidad es la relación entre lo que está presente y lo que no es posible, es decir, el lugar vacío que existe pero no podemos tocar con las manos.  Estas palabras de Chiara y las que siguen, me “embrujaron” entonces y también ahora, pues, aunque no sea capaz de seguirla fácilmente me lleva a un lugar otro, a lugares en los que “yo no había estado nunca”[10]. Y más adelante continúa: “El “lugar otro” tiene, en realidad, valor, solo cuando está en relación con el presente y lo ilumina.”

Continué después con el texto de Luisa Muraro, en el capítulo III, “Nuestra capacidad común de infinito” y enseguida me atrajo cómo situaba la grandeza de Teresa de Ávila en “una capacidad de vincular. Su potencia es la potencia de un vínculo. ¿De qué con qué? En ella yo veo cómo se vincula libremente con la realidad de este mundo la enormidad del deseo femenino”. Un deseo femenino “excluído no realmente, quede claro, porque sin el deseo femenino el mundo no existiría, sino simbólicamente, excluido de la decibilidad”. A partir de aquí sigo leyendo con la avidez y el placer de la lectura libre que aprendí de niña, sin pararme a resumir, a clasificar, a ordenar o a comparar con otros pensamientos. Leo dejándome dar por esas palabras de Luisa Muraro que me enseñan a liberar el lugar que estaba ocupado por cualquiera, a despejarlo para que sea posible mi búsqueda femenina de verdad.

Del resto de capítulos elijo recoger solo algunas citas o párrafos que  querría que me quedarán en la memoria asociados a sus autoras, son palabras suyas que me asombran y me enseñan algo nuevo que siento verdadero

Del capítulo IV, escrito por Wanda Tommasi, titulado “Simone Weil: darle cuerpo al pensamiento”, elijo ahora la cita que ella toma de Simone Weil  “ Encarnarse en lo que se es” y comenta que “es una expresión muy eficaz para lo que pretendemos significar con el pensamiento de la diferencia sexual: quiere decir hacer el acto de encarnarse en la sexuación, hacer que el azar, fortuito e insignificante, de haber nacido mujeres, se convierta en una necesidad conocida y aceptada: hacer que el azar pase al lado de la necesidad, hacerlo significativo en el orden simbólico”. Leído otra vez este párrafo pasados treinta años comprendo mejor la importancia de este movimiento de significación, que quiere ser  pervertido hoy, por ejemplo, por la ideología transgenerista empeñada en no respetar el cuerpo que es obra de la madre y que nos da a luz como seres sexuados. Una ideología que pretende sustituir el viejo orden patriarcal por otro más desordenado si cabe, destruyendo la libertad femenina que hace mundo. Sin embargo, una mujer contemporánea, Gisèle Pelicot con el apoyo de su hija Caroline Darian, ha hecho significativa su diferencia sexual en una situación de extrema violencia masculina. Con su gesto de elegir un juicio público sobre las terribles agresiones sufridas por parte de su marido y más de medio centenar de hombres “corrientes” de su entorno, ha conseguido que el lema “Que la vergüenza cambie de lado” haya recorrido el mundo. Una frase clara y concisa que “da cuerpo al pensamiento”, ofreciendo el propio cuerpo herido como mediación y guía para todas las mujeres. Una frase que con su poder simbólico ha cambiado para siempre los papeles de los violadores y agresores, protegidos por el silencio cómplice y la inacción de otros hombres, y de las víctimas, enmudecidas hasta ahora por la humillación, el miedo y la falta de escucha de su palabra.

Adriana Cavarero es la autora del capítulo V, “Decir el nacimiento”. Su texto muestra cómo, gracias al pensamiento de la diferencia sexual, ha podido entender algo nuevo a partir del tratamiento de Hannah Arendt de la figura de Rahel Varnhagen. Ella es una mujer judía que en su lecho de muerte después de aceptar su “nacimiento infame”, que la lleva a “no tener lugar en el mundo”, dice así: “Lo que durante tanto tiempo de mi vida ha sido la mayor vergüenza, el dolor y la infelicidad más crudas, haber nacido judía, ahora no querría a ningún precio que me faltara”. Sin establecer un paralelismo entre su condición de judía y su ser mujer, lo importante para Adriana Cavarero aquí es saber lo que aporta la figura del no tener lugar, de la atopía, al significado de ser mujer. Después de un brillante análisis, concluye que lo que se vuelve central para el pensamiento de la diferencia sexual es que Hannah Arendt es “una filósofa del nacimiento frente a la metafísica de la muerte sobre la que crece el pensamiento de occidente”. Y recuerda que el nacimiento para un hombre siempre significa nacer de mujer, nunca de hombre, estar enraizado originariamente en el otro sexo. Y añade “cada mujer es uno de los dos sexos, que siempre, y no de otra manera, aparecen en el mundo, y así el mundo ha querido que fuera. A pesar de que este simple “siempre y no de otra manera” de un mundo de mujeres y hombres haya sido cancelado por un orden patriarcal que ha puesto al Hombre-Todo en su centro, destacando la muerte”. Hoy ya estamos viviendo en el final del patriarcado que, como predijeron las autoras del Sottosopra Rosso, “ni es ni será, ciertamente cosa de risa”.[11]

No he leído nunca a Elsa Morante, cuya novela Mentira y Sortilegio analiza Paola Azzolini en el capítulo VII, “¡Traerse al mundo, Elsa!”. Seguramente la he evitado, como muchas otras novelas, porque me da miedo atravesar el oscuro y arduo camino de reparar las relaciones con la madre que fueron destruidas por el patriarcado. Me asusta asomarme a la experiencia de otras, (todas heridas por la violencia sexual masculina y demasiado cuerdas y bien a pesar de ello), porque aún me asusta asomarme a la mía y que eso me lleve a pensar que esa felicidad que vivo ahora en el orden simbólico de la madre, pueda ser mentira, una invención, una fantasía sin fundamento, como esos finales felices de las películas que terminan bien y no son verdad. Pensar así me condenaría a dar vueltas en un círculo en el que no puedo encontrar una salida por arriba, en espiral como he aprendido de Teresa de Jesús, de Luisa Muraro y de Mary Daly. Por eso no puedo comentar este capítulo, porque lo leo como una tarea que me impongo, deprisa y con recelo, no por deseo. Ahora elijo leer otras palabras, como las que copio aquí de María Zambrano, de un libro en el que estoy trabajando con felicidad y que me inspira para escribir este texto: “…al final en todo lo que he escrito y en todo lo que he vivido, aparece la aurora.”[12]

Del capítulo VIII, “Lo que no se puede verificar”, de Letizia Comba, ella se vincula “con la propuesta de Melanie Klein de considerar el interior del cuerpo de la madre como lugar originario de proyección y, por tanto, como un punto de partida para investigar lo imaginario femenino”. Ese interior de la madre y en cierto sentido nuestro propio interior “es un soporte tridimensional y en movimiento” que, más allá de los cinco sentidos, podría nombrarse como un sexto sentido, la autopercepción, que difiere de la percepción dominante masculina a través de la vista en un plano cartesiano con dos ejes. Esta autora también se interesa por el parto/nacimiento y la representación del sentir femenino durante esa experiencia. Ella busca “una articulación nueva entre los dos espacios- interior y exterior- precisamente porque la articulación dicotómica tradicional, basada en una contraposición de adjetivos calificativos, no toca la verdad de nuestra experiencia”. De su trabajo tomo unas palabras que para mí han sido una revelación: “Lo que interesa es empezar a quitar las cosas que ocupan sitio y no sirven. Como para el tesoro de oro puro del que habla Simone Weil, tengo que hacer sitio para que salga a la luz. Y a mí me parece que lo primero que hay que hacer con nuestro imaginario, con nuestro cuarto, es quitar lo que estorba, dejarlo más vacío.”

Sobre el último capítulo, de Laura Boella, “Pensar libremente. Pensar el mundo” confieso que aparte de Hannah Arendt, a los autores de referencia que ella nombra solo los conozco de oídas porque están en todos los libros, pero casi no he leído nada suyo ni de sus aportaciones a la filosofía, porque me dicen poco, por ello sería osado que intentara decir algo con sentido al respecto y prefiero no hablar de lo que ignoro.

El libro finaliza con un Apéndice titulado “Diótima Comunidad, Diótima Política, Diótima Maestra”, con textos de Luisa Muraro y Chiara Zamboni, en los que cada una escribe sobre los orígenes y los rasgos fundamentales de la Comunidad filosófica femenina Diotima, a partir del grupo al que originalmente llamaron “Fontana del Ferro”, por el nombre de la calle de Verona donde se reunían. Ambas son cofundadoras y forman parte de Diotima desde su creación en 1983. Sus textos proceden de las clases que impartieron en el Centro cultural “Virginia Woolf” B de Roma, los días 15-16 de abril de 1989. Su lecturapermite conocer los inicios de Diotima, cuyo espíritu se mantiene vivo hoy y abierto a la transformación gracias a su compromiso y su trabajo sostenido en el tiempo, fruto del movimiento político de las mujeres al que tuvieron el privilegio de llegar las segundas, o las terceras.

A grandes rasgos, y tomando algunas de las palabras de Luisa Muraro, crearon entonces “una comunidad femenina no separatista”, organizando actos en los que participaban y participan también hombres, pero privilegiando siempre  la hegemonía femenina y sin admitir hombres en su interior. Refiriéndose a la homosexualidad, señala que está enmarcada en la primacía del referente a la otra mujer: “la homosexualidad de Diótima es simbólica y, en cuanto tal, ni excluye ni incluye una homosexualidad literal”[13]. También afirma que aceptan la pluralidad de posturas que surgen entre ellas, pero son contrarias al pluralismo: “Adentro de Diótima no podemos llevar de todo. Hay cosas que se quedan fuera. Hay en Diótima una parcialidad aceptada”. Y añade “Pero Diótima no va por aquí o por allá como caiga. Tenemos reglas, tenemos confines, precisamente porque queremos tener un camino ilimitado. Si no, estaríamos siempre ahí, dando vueltas en redondo”. Las reglas que se han dado constituyen su parcialidad. Son reglas que pueden cambiar, pero no su aceptado limitarse en cuanto a lo pensable y lo experimentable. “Pensar en hondo y en grande no está excluido de las opciones parciales” escribe también Luisa Muraro.   

Chiara Zamboni describe las modalidades de la comunidad Diótima, que son distintas a las de un proyecto: Su obrar no lo dictaba la claridad de perspectivas sino la necesidad; su gesto era un gesto político que se movía en el registro del “realismo extremo” y en el registro de “pensar en grande”; su hacer ha estado y está inscrito en el orden simbólico femenino, que es la fuente de su pensar y que se encarna en las relaciones entre ellas, no en el orden patriarcal que regula las instituciones. Tienen una estructura horizontal, basada en que a todas les une la pasión por la política y la fidelidad a sí mismas, y una estructura vertical basada en el reconocimiento de autoridad, un “orden femenino”, como lo pensó Teresa de Ávila para su orden femenina. En ese contexto, resalta también que su experiencia de negativo es, sobre todo, de negativo femenino, que nace donde hay existencia social de fuerza femenina en un contexto de genealogía y de orden como el que ellas tienen.

Ambas escriben sobre Diótima política y Diótima maestra con textos de gran valor, de los que  solo voy a transcribir aquí las tres  frases de Luisa Muraro que cierran este libro llevándolo más allá de él mismo: “Diótima es realidad que transforma la realidad. La realidad se sigue transformando por su cuenta. Si cambia en sentido de la libertad femenina, querrá decir que nuestro amor por la libertad era real”.

Y situada en el presente, quiero terminar copiando aquí la respuesta que ella da en otro libro[14] ante la pregunta de qué significa para ella generar el futuro: “Puedo decirte lo que quiere decir para mí: en los límites de mis posibilidades, quiere decir obedecer a una demanda de nuestros tiempos, que es la de hablar bien de las mujeres, tras tantos siglos de inicua maledicencia”. Eso quiero hacer yo también en la medida de mis posibilidades sin tener que dar explicaciones, porque veo que es algo claro y necesario que me transforma.   

Ahora, pasados muchos años, compruebo que me siguen entusiasmando muchas de las palabras que las mujeres de Diótima recogen en este libro. Siguen siendo para mí destellos que continúan encendidos y vigentes en el horizonte de “Estrellas, Planetas, Galaxias, Infinito”, propio de nuestra libertad femenina. Por eso recomiendo vivamente leerlo, o volverlo a leer, porque no querría que ninguna mujer que aprecio se perdiera la inspiración que ofrece y su poder de contagio para que cada una “corra el riego” de Traer al mundo el mundo, cada día, cada vez.


[1] Diotima, Traer el mundo al mundo, trad. María-Milagros Rivera Garretas, Barcelona, Icaria, 1996

[2] Término prestado de la filósofa y teóloga Mary Daly, que crea palabras nuevas cuando necesita

sustituir las que están pervertidas o gastadas y han perdido su sentido original.

[3] Palabras de la filósofa Bárbara Berrocal Fonseca, en una conversación de 2023, preparando la primera reunión de la Comunidad femenina libre “Las Iluminadas”.

[4] Invención simbólica de Mary Daly

[5] Milagros Montoya Ramos (1940), es cofundadora de las Comunidades femeninas libres Sofías, Relaciones de autoridad en la educación, creada en el año 2000; Sabina editorial, creada en 2008;  Pocas pero Bastantes, creada en 2015. Ella ha escrito mucho artículos y libros, mi favorito es Enseñar: una experiencia amorosa (Madrid, Sabina editorial, 2008).

[6] I Foro Educar en relación, Instituto de la Mujer, Madrid, 1997

[7] Entre ellas: Marta Holgueras Pecharromán, María Cobeta García, Carmen Yago Alonso, Ana Isabel Simón Alegre, Bibi Gónzalez Isasi, Nieves Muriel, Juana Castro, Gloria Serrato Azat, Consuelo Flecha, Kata Zarauza Norato, Eva Sánchez Hernández, María García Zambrano y Pilar Abuja.

[8]  En Latinoamérica, Jessica Gamboa Valdés, Carmen Martín Rojas y Andrea Franulic Depix, autora esta última del libro Confesiones de una amante de la lengua materna, Madrid, Sabina editorial, 2023.

[9] Luce Irigaray, En el principio era Ella, trad. Ramón Buenaventura, Elena-Michelle Cano e Ignacio Sánchez-Paños, Barcelona, Ediciones la Llave, 2016, p. 133: “Me han expulsado de la polis, la ciudad, la sociedad humana a la que pertenecía, y me han devuelto al mundo natural que mis contemporáneos ya no aprecian o consideran de gran valor, con lo cual no les pareció necesario privarme de él”

[10] Emily Dickinson, Poemas y Cartas 1-600, trad. Ana Mañeru Méndez y Carmen Oliart Delgado de Torres, Madrid, Sabina editorial, 2023, Poema 66.

[11] Librería de Mujeres de Milán, El final del patriarcado (Ha ocurrido y no por casualidad), trad. María-Milagros Rivera Garretas, Barcelona, Proleg. Llibreria de les dones, 1996.

[12] María Zambrano, Palabra en libertad. Textos autobiográficos, Madrid, Sabina editorial, 2025, p. 27.

[13] Sobre “lesbianismo político” habla Sheila Jeffreys, en Alerta. Mi vida feminista lesbiana, trad. Anna Prats Marín, Madrid, Sabina editorial, 2023, pp. 95-96.

[14] Luisa Muraro, No se puede enseñar todo y Otros escritos, trad. Almudena Miralles Guardiola, Madrid, Sabina editorial, 2024, p. 204.